La indiferencia no es una opción. Independientemente del rol que ocupemos en la vida —como hijos, padres, abuelos, empresarios, agricultores, comerciantes o funcionarios públicos—, todas y todos estamos llamados a emprender una gran cruzada nacional en favor de nuestra salud y nuestra vida, en favor de la inocuidad de los alimentos. No hay tiempo que perder; ya hemos pasado muchos años envenenándonos, causando un daño probablemente irreversible. La solución es objetiva: exigir que todos cumplan con las condiciones y sistemas de producción agrícola que aseguren la inocuidad de los alimentos. Para esto se necesita voluntad y decisión de todas y todos, pero especialmente de quienes dirigen el país en todos los niveles de gobierno. A nosotros, los ciudadanos, nos corresponde exigir que nuestras autoridades cumplan con sus obligaciones legales para las que fueron elegidas. Queremos que las autoridades y los productores apliquen en nuestros alimentos las mismas exigencias que se imponen a productos como el tomate, el apio u otros destinados a la exportación. No es posible que nos preocupemos más por la salud de los extranjeros que por la de nuestra propia población. Esto debe terminar. ¿Y que hará usted para contribuir a esta cruzada? Un llamado a la vigilancia y la acción ciudadana para proteger nuestra alimentación y salud 17
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