REVISTA-IDMA-2024-004

cuyos estándares son generalmente superiores a los nuestros. Sin embargo, cuando producimos para el mercado local, llenamos de venenos los productos, sin que nadie controle este mercado. Este monitoreo ciudadano sobre la presencia de agroquímicos en los alimentos está sirviendo para evidenciar esta impune, inmoral, injusta y catastrófica situación, que está arrasando con la salud y la vida de nuestra población, especialmente de los niños, quienes, debido a su menor peso corporal, tienen que soportar inadvertida e involuntariamente una mayor carga de agroquímicos en sus organismos. En este escenario, no cabe la indiferencia. Ya no se trata solo de cumplir o incumplir deberes funcionales o institucionales; se trata de la responsabilidad y del deber que tenemos todas y todos como ciudadanos, padres, hijos, hermanos, vecinos y amigos, de salvaguardar la salud de esta y de futuras generaciones. Después de 20 o 30 años consumiendo los niveles de agroquímicos presentes en los alimentos de todos los días, probablemente la mayoría de la población ya es, en alguna medida, víctima de esta situación. Pero esto tiene que detenerse ahora, no dentro de 10 o 20 años. Siendo un problema de salud pública, nadie hubiera aceptado prolongar una década la lucha contra la pandemia de COVID-19. Todo el país y el mundo se alinearon para resolver el problema de inmediato. Sin embargo, frente a las revelaciones de nuestros monitoreos, es irresponsable que no se estén tomando las medidas urgentes que esta problemática amerita. 16

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