CRITERIOS Y ORIENTACIONES METODOLÓGICAS DE PLANFICACION TERRITORIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO

por 10 Abr, 2022

CRITERIOS Y ORIENTACIONES METODOLÓGICAS DE PLANFICACION TERRITORIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO

(DOCUMENTO DE TRABAJO)

Melisa Luyo Lucero

Secretariado Rural

Taller Nacional 17 y 18 junio 2004

CRITERIOS Y ORIENTACIONES METODOLÓGICAS DE PLANFICACION TERRITORIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO

 PRESENTACIÓN

El Secretariado Rural en el marco de sus objetivos trienales viene desarrollando un conjunto de actividades a través de los grupos temáticos programadas en el POA 2004, con el propósito de intercambiar experiencias y mejorar la calidad de intervención, mediante la aplicación de formas innovadoras de trabajo adquiridas en los espacios de inter-aprendizaje promovidos por el Secretariado Rural.

El presente documento pretende propiciar un acercamiento a los conceptos de territorio y género, sus expresiones en campos de observación en contextos rurales, los mismos que a su vez, se constituyan en insumos conceptuales y metodológicos para la construcción de objetivos, estrategias e indicadores que puedan ser incluidos en procesos de planificación del desarrollo.

En el primer acápite se desarrollan algunos conceptos a modo de marco de referencia del enfoque territorial en el desarrollo rural para encarar, de manera complementaria, los desafíos que plantea los campos de intervención en los diversos ámbitos territoriales. Se releva y define las dimensiones del enfoque territorial recreándolos con los aportes encontrados en los planes y proyectos percibidos de la lectura de casos sugeridos por el Secretariado Rural.

De la misma manera, en el segundo acápite se presenta el marco de referencia del enfoque de género y se releva los campos de las dimensiones en los apuestan las experiencias de las organizaciones del Secretariado Rural.

El tercer acápite se analiza los campos de integración de ambas dimensiones, los cuales han sido construidos utilizando una matriz multivariable. El conjunto de dimensiones definidas se constituye en la plataforma a partir de la cual las organizaciones integrantes del Secretariado Rural pueden precisar sus respectivos objetivos y estrategias de intervención, así la construcción de indicadores relevantes que evidencien sus contribuciones en los ámbitos rurales en donde despliegan sus esfuerzos y apuestas por el desarrollo.

Finalmente, se presenta a modo de recomendaciones, criterios y orientaciones metodológicas de planificación territorial con enfoque de género en el desarrollo rural, así como tareas operativas orientadas tanto a consolidar el debate así como a la operacionalización de los principales conceptos abordados en el documento, apelando a los espacios de inter-aprendizaje que promueve el Secretariado Rural.

I DISCUSIÓN REFLEXIVA DE LAS DIMENSIONES DEL ENFOQUE TERRITORIAL

El desarrollo rural desde una perspectiva territorial, parte por reconocer la existencia de relaciones dinámicas y complejas entre factores económicos, sociales, culturales, ambientales y político-institucionales y tiene como objetivo potenciar la sociedad rural y su contribución estratégica al desarrollo regional.

Dicho desarrollo se consolida mediante dos propósitos que se enmarcan en el concepto de la nueva ruralidad(1): a) la cohesión social como expresión de sociedades locales y regionales en donde prevalece la equidad, el respeto a la diversidad, la solidaridad, la justicia social, la pertinencia, principalmente; y b) la cohesión territorial, como expresión de espacios, recursos e instituciones. Viabilizar éstos propósitos exige entender la complejidad de las relaciones dinámicas del territorio y las particularidades de cada uno de los factores.

El enfoque territorial pone de manifiesto: a) el carácter multidimensional de los territorios rurales, b) la necesidad de formular iniciativas con objetivos múltiples e integrales, c) la necesidad de superar las inversiones sesgadas hacia lo económico y d) la urgencia de establecer mecanismos institucionales locales que promuevan un sistema participativo y abierto a formular propuestas desde la base y en un sentido complementario con otros espacios territoriales.

En efecto y desde el punto de vista de la gestión de proyectos de desarrollo, el gran desafío que nos plantea dicho enfoque es cómo operacionalizar los factores multidimensionales del territorio rural en continua transformación y en un grado de incertidumbre.(2)

Este enfoque plantea la necesidad de relevar la dimensión territorial como el espacio en donde se manifiestan los procesos y tendencias del desarrollo; el espacio en donde se materializan las políticas como expresión de relaciones de poder; contextualizar las propuestas para ámbitos locales en escalas territoriales de mayor jerarquía; analizar el comportamiento de los diversos agentes públicos y privados (locales, regionales, nacionales e internacionales) como base para la gestión de propuestas e iniciativas.

Estos planteamientos ponen de manifiesto los actuales procesos de diferenciación espacial donde cada territorio adquiere un papel económico-productivo y socio-político sin sentido de complementariedad, los cuales vienen acentuando las brechas de la exclusión económica y social de los grupos sociales, sobre todo de los menos favorecidos como son las familias campesinas, las mujeres, los jóvenes, entre otros, en los ámbitos locales y/o regionales.

De otro lado, el enfoque territorial propone la necesidad de reevaluar la función de los territorios rurales partiendo de una relectura de la relación urbano-rural en función de las dinámicas económicas y de relaciones entre sus instituciones. Se trata de redimensionar la existencia de un continuo urbano-rural, reconociendo la existencia de centros y redes urbanas que cumplan funciones de provisión de servicios a las actividades rurales, así como la función proveedora de los ámbitos rurales hacia los centros urbanos. En ese sentido y tomando en cuenta la capacidad de integración de las dinámicas locales y regionales, la distinción de lo urbano y rural es irrelevante.

Este redimensionamiento se basa en la necesidad de conocer y comprender:

  • La complejidad del territorio en sus relaciones dinámicas e interacción de sus factores territoriales;
  • Los aportes de la economía rural al desarrollo local y regional;
  • La heterogeneidad espacial y socioeconómica rural;
  • La diversidad institucional y política de las situaciones locales;
  • La diversidad de los pisos ecológicos y las diferencias entre ellas;
  • La variedad y oportunidades que ofrece la población rural;

 Los enlaces entre estas unidades (natural, social, económico-productiva, institucional) con los procesos económicos de niveles territoriales mayores.

Desde este conocimiento, la perspectiva territorial del desarrollo rural aporta en la formulación de propuestas centrada en las personas, que interactúan entre los sistemas socioculturales y sistemas ambientales, y que contempla la integración de productiva y el aprovechamiento competitivo de los recursos productivos que favorezcan la cooperación y corresponsabilidad entre los actores sociales -territoriales.

 El enfoque territorial visualiza al territorio como el espacio estratégico para el desarrollo, trascendiendo de la problemática de la distribución a la problemática de la creación de recursos, a la endogeneización de los mecanismos de desarrollo (

3). Desde una visión integradora asume al territorio como unidades articuladas a una trama social y cultural más amplia, trama donde se asientan los recursos naturales y que se manifiestan en formas de producción, consumo e intercambio, que a su vez son administrados y gestionados por instituciones y organizaciones existentes en el espacio local.(4)

 En este marco de referencia destacamos los siguientes aportes del enfoque territorial para el desarrollo:

  • Destaca las políticas/propuestas del ordenamiento territorial como estrategia de sustentabilidad, autonomía y gestión como complemento del proceso de descentralización,
  • Supera la visión convencional de participación y compensación hacia el sentido de la cooperación, corresponsabilidad y de inclusión económica y social,
  • Potencia la visión convencional del manejo de recursos y tecnologías limpias hacia una concepción multidimensional y compleja del territorio, donde lo ambiental, cultural, social, político-institucional, se interrelacionan,
  • Supera la visión sectorial de una economía rural que se reduce a una economía agraria poniendo énfasis en una economía territorial que incorpora y articula actividades económicas no agrarias (local y regional), basada en la responsabilidad social y ambiental.
  • Incluye y supera la visión tecnologíca para incrementar la productividad a partir de los conceptos de innovación y competitividad territorial,
  • Reconoce la necesidad de articular las dimensiones urbano y rural de manera orgánica, conformando espacios demográficos integrados, que compartan estructuras sociales, económicas e institucionales, construidos en procesos históricos de apropiación del espacio.
  • Reconoce la importancia de establecer encadenamiento de valor agregado pero articulados al territorio y a procesos productivos (agroindustrias, redes artesanos, etc)
  • Promueve formas de cooperación atendiendo las demandas diferenciadas de los y las pobladores y agentes territoriales, articuladas e integradas pero manteniendo la particularidad de cada territorio.

Tomando en cuenta estos aportes de la dimensión territorial de la planificación, presentamos las dimensiones más relevantes del enfoque territorial, las definimos y hacemos un proceso de reflexión sobre el nivel de aproximación desde de las experiencias(5) sugeridas por el Secretariado Rural.

Interacción de las dimensiones territoriales.

“El espacio-territorio es un sistema socio-económico, socio-cultural, político e institucional que posee modos de organización y regulación específicos que condicionan los procesos de cambio y desarrollo”(6) . Es decir que “además de los recursos naturales el territorio posee otros factores de desarrollo o potencial endógeno que constituyen el punto de partida para cualquier proceso de desarrollo”(7)

Sin embargo no es suficiente reconocer que los territorios están dotados de factores claves para que, de manera automática, se genere el desarrollo. Se hace necesario que él mismo se convierta en “espacio de desarrollo”, por lo tanto se requiere de un proceso de construcción social de transformación en el cual dichos factores claves se articulen y direccionen para generar el desarrollo.

Ahora bien, esta articulación es posible si se considera al territorio como un sistema de interrelaciones y dependencias de alta complejidad, que pueden convertirse en espacio de desarrollo si sus componentes se consideran desde una perspectiva de conjunto que tenga en cuenta los distintos elementos del sistema y sus relaciones internas y con el entorno. Si los componentes del sistema territorial funcionan de manera independiente o se relacionan solo indirectamente, el propio proceso podría ser fragmentado y aislado.

La planificación del desarrollo requiere por lo tanto dar funcionalidad al sistema territorial estructurando los diferentes subsistemas y estableciendo relaciones entre ellos, al interior de ellos y entre los componentes del sistema y el entorno.

En ese sentido, el espacio-territorio rural no es sólo su dimensión agraria, sino es un espacio geográfico donde se interrelacionan los factores económico, social, político e institucional. Es el lugar donde las personas realizan diferentes funciones productivas, comerciales, organizativas, vinculadas al desarrollo agrícola, agroindustrial, artesanal, a las actividades ambientales, a los servicios del turismo y donde lo cultural (costumbres, valores, etc) es parte del sentido de pertenencia entre los grupos sociales, los cuales concertan acciones de cohesión social buscando el bienestar.

En cuanto a las experiencias de promoción del desarrollo revisadas, encontramos las siguientes características:

  • Se asume, explicita o implícitamente, un marco conceptual del desarrollo rural (referencias al desarrollo rural sostenible, gestión de cuencas, perspectiva de género, medio ambiente, gestión de riesgo, entre otros); los campos de intervención con relación a dichos enfoques, no se encuentran suficientemente delimitados.
  • Se destaca una clara posición respecto al ámbito rural como unidad de planificación. Apreciamos un acercamiento al análisis del territorio en su relación con espacios del entorno, pero los procesos, tendencias y las variables relevantes susceptibles de generar cambios en la transformación de la realidad deseada, al parecer no han sido priorizadas.
  • Los procesos metodológicos aplicados en el proceso de planificación destacan la participación de los actores sociales; sin embargo, la concreción de los planes en acciones prioritarias o estratégicas, al parecer no han logrado interiorizarse en los actores clave de los procesos de desarrollo, lo cual resulta ser una limitante para generar compromisos de actuación colectiva en la implementación de propuestas concretas.
  • Un aporte importante y significativo que desatacamos es el nivel de concordancia y complementariedad de los planes de desarrollo de diversas jerarquías, así como los diversos mecanismos de participación, la generación de espacios de concertación y la capacidad de liderazgo de los principales actores (alcaldes, lideres empresariales, mujeres empresarias, etc), lo que permitiría dinamizar propuestas de actuación vinculadas al territorio generando sinergias e de impactos relevantes para el desarrollo.

Relación entre la dimensión urbana y rural

Parte por reconocer la existencia de un continuo urbano-rural, en donde se establecen relaciones funcionales y de intercambio de recursos y energías, que se sustentan en la diversidad y variedad para dinamizar propuestas complementarias de desarrollo. Un acercamiento desde la perspectiva de cuenca nos permite acentuar el sentido de relación entre oferta y demanda que se establece en el espacio continuo de lo urbano y rural.

El espacio rural es muy diverso y oferta los recursos naturales y productivos que demanda el sistema urbano, y éste ofrece servicios e infraestructura complementarias a las actividades rurales (agrícolas, agroindustrial, artesanal, de servicios turísticos, etc). Esta forma de relación intrínseca demanda de actuaciones que aporten a la integración y organización de los territorios rurales para hacerlos más competitivos en el mercado local, regional y nacional.

Esto significa que debe reconocerse la importancia creciente de las actividades no agrícolas en el ámbito rural y su relación con centros urbanos en territorios predominantemente rurales. Las nuevas estrategias de desarrollo rural reconocen esta configuración como alternativa complementaria que aportan a las metas del desarrollo.

Las experiencias de las organizaciones que integran la Secretariado Rural exhiben las siguientes aproximaciones a esta dimensión:

  • Las estrategias de promoción del desarrollo rural planteadas desde la perspectiva de cuenca (como es el caso de Huancayo), sientan las bases para la conformación de redes territoriales desde el espacio sociopolítico y el desarrollo de economía local. Plantea como objetivo la validación de un modelo de gestión de desarrollo sostenible basado en las demandas de la sociedad civil, a partir de la promoción de microempresas del valle de Mantaro de agroindustria y turismo.
  • Apreciamos que el logro sustantivo es el establecimiento de organizaciones de mujeres productivas pero existe una limitante respecto a la relación funcional de dichas organizaciones vinculado a las dinámicas territoriales más amplias, lo que limita la oportunidad de inserción hacia una economía diversificada y complementaria de su actividad productiva.
  • Es muy probable que esta forma de organización aún no haya logrado un sentido de representatividad y legitimidad en un espacio colectivo, lo cual reduce y desgasta los esfuerzos individuales que pueden expresarse en conflictos sociales y desarticulación con los actores territoriales.

Complementariedad territorial

Bajo esta dimensión del enfoque territorial de la planificación, se puede apreciar la localización de funciones diversificadas, especializadas y complementarias en el territorio, así como las relaciones que se establecen entre la unidad de planificación territorial y los diversos ámbitos espaciales contiguos, así como con espacios territoriales de mayor escala y jerarquía.

Así, el territorio no es concebido solo como un espacio físico de localización de infraestructura, sino un espacio de construcción de redes sociales, económicas e institucionales donde se gestiona la integración de infraestructuras productivas, de servicios, de comunicación e información; de diversificación productiva con sentido de inclusión económica, de consolidación de grupos sociales; de valor agregado a los productos locales, etc.

En cuanto a las experiencias de promoción del desarrollo rural:

  • Las iniciativas de organización de microempresarios en agroindustria y turismo, podrían ser potenciadas de establecerse relaciones funcionales entre ambas actividades económicas aprovechando las oportunidades de articulación que ofrece el territorio en donde operan dichas experiencias. La incorporación de las unidades agroindustriales al circuito turístico local, así como la incorporación de los productos agroindustriales al paquete de consumo turístico, podrían ser actividades complementarias y de mutuo beneficio.
  • De otro lado, la provisión de infraestructura de servicios productivos, sociales y de articulación debe ser focalizada estratégicamente en el territorio, buscando la sinergia y los impactos positivos relacionados con el logro de metas que aportan al desarrollo rural.

Participación de los actores en la gestión del territorio y sus recursos

En la medida que el territorio se construye y se transforma socialmente, es necesario tomar en cuenta la posición, nivel de participación, capacidad de incidencia, poder y control de los diversos agentes locales (y extra-locales) en la gestión del territorio y sus recursos.

En un contexto de distribución desigual de oportunidades y condiciones para acceder a las oportunidades de gestión del territorio y sus recursos, se hace necesario establecer un análisis que asuma dichas relaciones de desigualdad.

En ese sentido, identificar y caracterizar a los actores estratégicos (8) se constituye en una necesidad para generar los cambios deseados en los espacios rurales. Son actores que tienen diferentes intereses, lógica y racionalidad, por lo tanto, las estrategias de promoción del desarrollo deben tomar en cuenta acciones orientadas a resolver las relaciones de desigualdad, a través de procesos de empoderamiento de actores con mayores niveles de desventaja, búsqueda de consensos, mecanismos de concertación, gestión de conflictos y la generación de compromisos de actuación proactiva para lograr las metas que aportan al desarrollo rural.

Una forma de trascender hacía la búsqueda de compromisos que vaya más allá de las iniciativas durante el proceso de elaboración de planes y proyectos, es innovando mecanismos de participación efectiva en la toma de decisiones en la gestión de los proyectos de desarrollo, así como en el seguimiento social de indicadores de desarrollo local bajo un sentido de responsabilidad compartida.

En la práctica se debe fortalecer los esfuerzos desplegados respecto a las diversas formas de organización promovidas por los proyectos de desarrollo. A partir de los logros alcanzados como es el fortalecimiento de las organizaciones productivas, desarrollo de capacidades de gestión y negociación, entre otros, se debe continuar innovando mecanismos solidarios de cooperación y confianza, así como fomentar la articulación de las familias campesinas, mujeres, jóvenes, desplazados por situaciones políticas o económicas, etc, con sectores productivos en mejores condiciones.

II. DISCUSIÓN REFLEXIVA DE LAS DIMENSIONES DE GÉNERO (9)

Como se ha señalado en el acápite, gestionar el desarrollo desde una perspectiva territorial demanda reconocer y entender la complejidad de las relaciones dinámicas e integrales en él presentes (de cada una en sí misma y entre sí) y potenciar su contribución estratégica mediante la cohesión social y territorial. La cohesión social es posible sólo si entre los distintos actores vinculados al territorio se establecen relaciones con equidad, respeto, solidaridad y justicia, que en conjunto apuntalan sentido de identidad y pertenencia; la cohesión territorial implica la articulación de espacios, recursos e instituciones, en los mismos términos.

Plantearse el carácter multidimensional de los territorios rurales que el enfoque territorial pone de manifiesto, implica reconocer temas como la heterogeneidad espacial y socioeconómica del sector rural, la diversidad institucional y política de las situaciones locales, la diversidad de los pisos ecológicos y las diferencias entre ellas. Implica también reconocer temas que tienen que ver con la condición específica y diferenciada de grupos poblacionales que interactúan entre los sistemas socioculturales y los sistemas ambientales. La condición diferenciada en razón del género al que pertenecen las personas es de especial importancia, en tanto configura todo un sistema de organización social que sustenta y explica muchas de las relaciones productivas, culturales, institucionales, políticas y simbólicas que se recrean en, y recrean los contextos territoriales.

El sistema de organización basado en el género -que subyace a todos los otros- da cuenta de una desigual distribución de valor y de poder, según la identificación con lo masculino o lo femenino, de los distintos ámbitos de desempeño de las personas en su vida cotidiana: a lo identificado como correspondiente a lo masculino se le asigna mayor valor que a lo identificado como correspondiente a lo femenino.

Este mayor valor a su vez, asigna mayor reconocimiento, mayor poder y mayor legitimidad, pautando con ello jerarquías que trascendiendo lo personal y familiar se instalan en el campo del control social y de la institucionalidad local y regional. Colocan a las mujeres -en la gran mayoría de los contextos- en situaciones desventajosas y disminuidas con relación a los varones de sus familias y de sus colectividades, situaciones que en muchísimos casos se expresan en niveles de mayor pobreza y en limitaciones significativas para aprovechar las posibilidades presentes en el territorio rural al que están vinculadas.

Las brechas locales y regionales generadas por los procesos de diferenciación espacial refuerzan al interior otras brechas que dan cuenta de desigualdades y dependencias entre los actores sociales; entre ellas, como se señaló en el párrafo anterior, las inequidades y dependencias marcadas por el género son especialmente significativas. En sí mismas constituyen limitaciones, tanto para las propias personas que las encarnan como para las colectividades que integran: traban las dinámicas de integración y dificultan la cohesión social y territorial.

La manera como se ha venido asumiendo el asunto de las inequidades de género en las propuestas de desarrollo rural han tenido por lo general dos vertientes: Una que procura mecanismos de compensación y que se traduce en políticas y prácticas asistenciales focalizadas en mujeres catalogadas como pobres. Otra que procura mecanismos de activación de procesos subjetivos de revaloración personal y de género y que se traduce en propuestas diversas -generalmente con objetivos de generación autónoma de ingresos- para ser asumidas por agrupaciones de mujeres también catalogadas como pobres.

Estas posturas convencionales de trabajo con mujeres rurales centran los esfuerzos -y los recursos- en ellas mismas y motivan que los esfuerzos de las mujeres estén también autocentrados. Independientemente de la magnitud de la asistencia en el primer caso, o de la viabilidad técnica y económica en el segundo, son propuestas que al no tener una perspectiva integradora, se agotan en este actor. Sus posibilidades de contribuir al desarrollo rural sostenible están limitadas por esta condición.

Al constituirse el territorio en espacio de políticas y de propuestas, éstas deberán tener una orientación lo suficientemente amplia como para promover un sistema participativo complementario, no sólo en función de la integración productiva y el aprovechamiento competitivo de los recursos en el marco de la articulación con otros espacios territoriales, sino también en función de promover la cooperación y corresponsabilidad entre los distintos actores sociales. Ello pasa por reevaluar sus funciones y procurar superar las inequidades y dependencias con base en el género instaladas en la trama social y cultural.

En tanto la perspectiva territorial del desarrollo rural sostenible permite que la formulación de propuestas esté centrada en las personas que interactúan entre los sistemas socioculturales y sistemas ambientales, abre la posibilidad de plantear objetivos en esta dirección.

Así, incorporar la dimensión de género en la planificación territorial implica operacionalizar los factores asociados al género que se ponen de manifiesto en formas particulares de participar -varones y mujeres- en la producción, el consumo y el intercambio, en la administración y gestión de los recursos y en la gestión y gobierno de las instituciones y organizaciones.

En ese sentido, y en el marco del enfoque territorial, cabe destacar los siguientes elementos específicos correspondientes a la dimensión de género:

  • Promueve el desarrollo de capacidades de los grupos que en razón del género al que pertenecen presentan -en lo personal y como grupo- carencias materiales y de habilidades sociales y productivas que se traducen en indicadores de pobreza y exclusión generalmente encarnados en mujeres.
  • Procura que los esfuerzos productivos (agrícolas y no agrícolas) de las organizaciones o agrupaciones de mujeres, además de los objetivos en términos de revaloración personal y de género, se articulen a las dinámicas territoriales, con responsabilidad social y ambiental, asumiendo la lógicas de innovación y competitividad territorial.
  • Promueve que las organizaciones o agrupaciones de mujeres -tanto las formadas o alentadas con objetivos asistenciales como las con fines de revaloración personal y de género- se articulen orgánicamente en la estructura social, económica e institucional, apropiándose del espacio en un sentido de cooperación, corresponsabilidad e inclusión económica y social.
  • Promueve que los niveles de gobierno de las unidades territoriales, reconozcan en su particularidad a organizaciones y agrupaciones de grupos específicos de población, entre ellos las organizaciones y agrupaciones de mujeres, y establezcan políticas que atiendan sus demandas particulares y posibiliten para ellas mejores y mayores posibilidades de acceder a las oportunidades presentes en el territorio rural al que están vinculadas.

Estos elementos específicos respecto a la dimensión de género en la planificación territorial plantean a su vez retos específicos, que a continuación se presentan:

Relevamiento del empoderamiento de las mujeres

El empoderamiento alude al proceso por el cual personas en situación de desventaja y exclusión logran, paulatinamente, ir mejorando su condición material y social, y al hacerlo, ir mejorando el concepto de sí mismas e ir asumiendo el control sobre sus propias vidas. El enfoque que está a la base de esta estrategia plantea que la autonomía y el autocontrol permiten mejores desempeños y mayores posibilidades de realización. De allí que los mecanismos utilizados con recurrencia tengan que ver con ofrecer a las mujeres recursos y capacitación correspondientes a intereses y necesidades consideradas como prioritarias, facilidades para el trabajo doméstico y servicios, que al mismo tiempo procuren auto confianza y control.

En el marco de planificación territorial se trata además de que los esfuerzos centrados en grupos específicos de mujeres cobren sentido de complementariedad, es decir, que se articulen a las dinámicas del entorno. De este modo podrán lograrse los objetivos de autovaloración y mejora de condición de género postulados por los enfoques tradicionales y al mismo tiempo que éstos puedan empatar con los objetivos de desarrollo rural sostenible y, al hacerlo, hacer también sostenibles los logros personales.

Valoración del saber local que se expresa en los roles diferenciados

En muchos contextos, especialmente en los rurales, las actividades productivas, sociales, culturales e institucionales se desarrollan basadas en todo un sistema de división social del trabajo que asigna a cada grupo poblacional funciones y responsabilidades distintas, y que por tanto localiza también en ellos saberes distintos según las distintas asignaciones. En razón de las atribuciones de género ya comentadas, sucede con recurrencia que son las mujeres las depositarias de los saberes locales que permiten la manutención tanto de las prácticas productivas como de los significados socio culturales que marcan la identidad y la singularidad de los colectivos. Al tener una identificación con lo femenino, estos saberes son poco valorados y por tanto desaprovechados en los esfuerzos por generar dinámicas de desarrollo.

La valoración de los saberes locales representa, en esta lógica, la valoración de los conocimientos, de las funciones y de las responsabilidades de las mujeres; por tanto, una valoración personal y de género. En el marco de la planificación territorial, se trata además de que éstos conocimientos, funciones y responsabilidades, con reconocimiento y valoración positiva importante, se articulen y aporten a las dinámicas territoriales.

Reconocimiento de sujeto social y económico con capacidad de decisión autónoma

Otro elemento que aparece con recurrencia en los contextos rurales, asociado a la valoración diferenciada de las mujeres y de sus aportes y a su condición dependiente en las relaciones personales y familiares, es su no reconocimiento como sujeto social y económico. Este desconocimiento se traduce en prácticas discriminatorias en perjuicio de las mujeres y de sus organizaciones, en especial respecto al acceso y control de los recursos económicos, sociales y políticos, limitando así su libre desenvolvimiento.

Desde la planificación territorial se trata de reconocer los esfuerzos desplegados por las mujeres en términos de organización, asumiendo sus organizaciones como sujetos válidos, con decisión y autonomía, para articularse orgánica y funcionalmente en la estructura productiva, social, cultural y política institucional del espacio territorial. Inclusión económica y social en las dinámicas y en las redes que las sustentan.

Representatividad y legitimidad con poder en el espacio local

La condición disminuida y dependiente de las mujeres en los contextos rurales lleva a su exclusión de los campos de representación y decisión. Su valoración personal y de género en primer término, y su reconocimiento como sujeto social con autonomía y decisión en segundo término, posibilita que sean consideradas como interlocutoras igualmente válidas que sus pares varones, y con posibilidades reales de ejercicio de cargos de poder, ejercicio legitimado no sólo por la normatividad institucional vigente, sino también legitimado socialmente.

La planificación territorial, a nivel de su gobierno, reconoce el liderazgo femenino, su representatividad, su capacidad de propuesta y de concertar agendas, así como las posibilidades que representa en términos de generar cohesión social. Establece políticas que atiendan demandas particulares de las mujeres, así como de otros sectores específicos de población, y representen para ellas mejores y mayores posibilidades de acceder a las oportunidades que se identifiquen en el territorio.

En su conjunto, todos estos retos apuntalan un mismo objetivo: construir, en los espacios territoriales, relaciones de género con poder equilibrado.

III. DISCUSIÓN REFLEXIVA DE LOS CAMPOS DE INTEGRACIÓN DE LA PLANIFICACIÓN TERRITORIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO

La planificación territorial con enfoque de género para espacios rurales requiere poner énfasis en las estrategias que garantices la participación equitativa de hombres y mujeres (en cuanto actores del desarrollo) en la toma de decisiones, así como el reconocimiento y valoración social de los diversos aportes que brindan al desarrollo.

Lo anterior nos plantea la necesidad de construir redes y alianzas que favorezcan la capacidad de negociación con poder equilibrado en la relación de género; la articulación de las necesidades basada en la valoración del saber local expresados en los roles diferenciados; definición de estrategias y acciones incidiendo en la necesidad de relevar el empoderamiento de las mujeres en conocimiento y habilidades (técnicas, organizativas y políticas); la diversificación productiva y de organizaciones diferenciado en los grupos sociales como ejercicio para la toma de decisión con autonomía, principalmente.

A continuación presentamos a modo de propuesta, una serie de campos de integración de ambos enfoques (territorio y género), que en la práctica se constituyen en proposiciones a partir de las cuales se pueden formular indicadores que den cuenta tanto del estado de la cuestión (diagnóstico situacional), así como la valoración del cambio esperado (metas) a partir de las intervenciones de las organizaciones que promueven el desarrollo en los ámbitos rurales.

Matriz de integración de las dimensiones del enfoque territorial y género: campos de observación

Dimensiones

Relación de género con poder equilibrado

Valoración del saber local que se expresa en los roles diferenciados

Reconocimiento de sujeto social y económico con capacidad de decisión autónoma

Representatividad y legitimidad con poder en el espacio local

Interacción de las dimensiones del territorio

  • Incidencia de los actores(hombres y mujeres) en los procesos de articulación de las dimensiones del territorio.
  • Valoración social de dichas capacidades de incidencia.

Percepción y valoración socio-cultural de los conocimientos, funciones y responsabilidades diferenciadas (entre hombres y mujeres) en la articulación de la dinámica territorial.

  • Funciones que cumplen los sujetos diferenciados (hombres y mujeres) en el proceso de articulación de las dimensiones del territorio.
  • Reconocimiento social de los esfuerzos desplegados por los sujetos (hombres y mujeres) en dicho proceso de articulación.
  • Reconocimiento de la capacidad de interlocución entre los diferentes actores locales (hombres y mujeres).
  • Participación efectiva en las decisiones fundamentales orientadas a la articulación de las dimensiones del territorio.

Relación

urbano-rural

  • Incidencia de los actores(hombres y mujeres) en el establecimiento de flujos y relaciones de complementariedad entre los espacios urbano-rural.
  • Valoración social de dichas capacidades de incidencia.

Percepción y valoración sociocultural de los conocimientos, funciones y responsabilidades (entre hombres y mujeres) en el establecimiento de flujos de intercambio y complementariedad de los espacios urbano-rural.

  • Funciones social y económica de los sujetos en los procesos de intercambio urbano-rural.
  • Reconocimiento social de las capacidades y aportes en los procesos de intercambio y complementariedad de los espacios urbano – rural.
  • Reconocimiento de la capacidad de negociación y toma de decisiones sobre los procesos de articulación de los espacios urbano-rural.
  • Participación efectiva en la toma de decisiones sobre los procesos de articulación de los espacios urbano-rural.

Complemen-tariedad territorial

  • Incidencia de los actores(hombres y mujeres) en el establecimiento de funciones diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios territoriales.
  • Valoración social de dichas capacidades de incidencia.

Percepción y valoración sociocultural de los conocimientos, funciones y responsabilidades (entre hombres y mujeres) en el establecimiento de funciones diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios territoriales.

  • Roles que cumplen los sujetos en el establecimiento de funciones diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios territoriales.
  • Reconocimiento social de los roles asumidos.
  • Reconocimiento de la capacidad de negociación y toma de decisiones en el establecimiento de funciones diversificadas, especializadas y complementarias de los espacios territoriales,
  • Participación efectiva en la toma de decisiones.

Participación de los actores en la gestión del territorio y los recursos

Capacidad de los actores (hombres y mujeres) para concertar iniciativas de desarrollo.Valoración de las prácticas productivas diferenciadas en los mecanismos de organización y gestión territorialNiveles de participación de los sujetos en las decisiones de planificación y gestión del territorio

  • Nivel de participación de los sujetos en la capacidad de propuestas de planificación y gestión del territorio
  • Reconocimiento social de los aportes diferenciados en la gestión del territorio dinámicas territoriales.

IV. RECOMENDACIONES PARA EL DESARROLLO DE LA PROPUESTA

Sobre la base de las variables integradas de los enfoques territorial y género definidas presentamos los criterios y orientaciones metodologicas.

  • Que la organización desarrolle un conocimiento suficiente sobre el enfoque territorial y sobre las perspectivas de genero vigentes en la promoción del desarrollo en el nuevo redimensionamiento de la ruralidad en general, y en la planificación y gestión de proyectos en particular.
  • Tomar posición de manera institucional sobre las perspectivas, los marcos teóricos, los conceptos claves que las organizaciones van suscribir, partir de las cuales van a organizar el entendimiento de la realidad y van a conducir sus acciones de cambio.
  • Identificar las dimensiones de la realidad que a partir de los enfoques conceptuales se van a privilegiar en el plan /proyecto.
  • Construir los campos de integración de ambos enfoques que permita observar el ámbito de intervención de los procesos, fenómenos y hechos,
  • Caracterizar los procesos, fenómenos y los hechos observados, describiendo cómo ocurren (diagnósticos descriptivos) y buscando explicaciones de dicha ocurrencia (diagnósticos explicativos).
  • Diseñar estrategias de intervención orientadas a modificar favorablemente el sentido, la calidad y cantidad de los aspectos relevantes observados y que son de interés de la organización.
  • Luego de este proceso de pensamiento organizado evaluar las conveniencias de aplicación de metodología y herramientas específicos de planificación en función de las opciones, condiciones, recursos disponibles y habilidades institucionales.
  • Recomendaciones operativas:
  • Que el Secretariado Rural promueva la generación de espacios de desarrollo conceptual, apelando al espacio del Inter.-aprendizaje en temas asociados al “territorio y género”, principalmente sobre los enfoques territoriales y su correlación con el modelo de desarrollo rural
  • Evaluar cómo han venido trabajando los conceptos de territorio y género en los proyectos, por ejemplo; sistematización de las experiencia que aborden análisis de prcesos.
  • Proponer en las evaluaciones externas acápites explícitos sobre como las organizaciones vienen abordando estos enfoques.
  • Realizar talleres de trabajo para operacionalizar los campos de integración privilegiados, aplicando en casos pilotos, es decir, construir indicadores relevantes tanto en la elaboración de diagnósticos como en la formulación de proyectos.
  • Levantar una línea de base a partir de la operacionalización de los principales campos de integración en una áreas prioritarias.

NOTAS

(1)

La nueva ruralidad es el modelo que se enmarca en la inclusión económica, política y social que retoma lo rural como la base misma de carácter y unidad territorial, donde la visión tradicional y parcial de lo rural, asociado a lo agrario es sustituida por lo complejo y multidimensional. Desarrollo rural Sostenible – Enfoque Territorial. Sergio Sepúlveda.

(2)

En ese sentido, una primera tarea que deberíamos platearnos es discutir cómo las organizaciones del Secretariado Rural conciben el territorio en sus proyectos de promoción del desarrollo rural.

(3)

La visión del desarrollo endógeno ha introducido como estrategia dominante el desarrollo difuso, el desarrollo desde abajo, en el cual el espacio asume una connotación de territorio, de un factor estratégico para el desarrollo. El territorio como Factor Estratégico de Desarrollo. Oscar Madoery.

(4)
(5)

Experiencia de Piura, Huancayo y Arequipa.

(6)

Javier Marsiglia “La construcción del Desarrollo local como desafío metodológico. Proyecto Alianzas Estratégicas para el Desarrollo local- ALOP-CLAEH-IAF- 2001

(7)

Sergio Boisier: “El hexágono del desarrollo regional” Cuadernos de ILPES-Chile 1999 y Tesis “Un conocimiento pertinente y socializado para la Gestión del desarrollo territorial”

(8)

El actor estratégico es aquel que tiene decisión en algunos de los factores de desarrollo

(9)

El desarrollo de dicho acápite ha contado con los aportes de Gladys Laguna y Esperanza Castro del Secretariado Rural, así como con la colaboración de Gina Arnillas de Escuela para el Desarrollo.

Autor: Idma Perú

“37 AÑOS PROMOVIENDO EL DESARROLLO HUMANO Y SOSTENIBLE A NIVEL NACIONAL”

Deja un comentario

Asegúrese de completar todos los campos obligatorios.

11 + 6 =